La esperanza es un mal innecesario

A propósito de “Hermana pequeña” de Sonia Chocrón

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Como me ocurre con frecuencia, sobre todo en la poesía, los prólogos o proemios, que pretenden darnos pistas, me confunden, los leo al comienzo y los leo al final, nuevamente, para confirmar que decir que un poemario es esto o aquello es arriesgado, por decir menos.

Por eso avanzo a la página 17 a encontrarme con “Caracas” y comenzar el trayecto conocido de la incertidumbre, pero con una geografía plácida de “árboles libres y estoicos — y libros”. El tono de Sonia en este libro no es de tristeza, al menos no el de la tristeza paralizante. Hay una melancolía que se mira con humor negro y que alimenta una resistencia férrea por mantenerse lúcida, por resistirse al vacío que produce la pena.

Para aquellos venezolanos que hemos emigrado, esa situación de estar sin estar, de haberse ido y quedado, a la vez, es difícil de explicar, pero tan cierta como el aire. Sonia lo advierte, “Es peligroso quedarse — es peligroso irse”. En ese estado imposible de entender para aquellos que no comparten el gentilicio venezolano discurre el largo poema, dividido por estaciones o locaciones.

El venezolano que se va de Venezuela se siente culpable por irse, el que se queda se siente culpable por no irse, pero se convence a si mismo de que son “soldados vencidos y orgullosos”, aunque en realidad son “Botín de guerra”.

Las imágenes de Sonia son densas, difíciles de procesar, pero al final hermosas, cruelmente hermosas. “Hagamos una fila para abandonar la nada en compañía”, “Si tan solo pudiera dormir o cerrarme como a un libro en reposo”, “los niños se marchan a otro idioma”.

Alrededor del eje central del poema, que describe la vida o la muerte por mengua de una mujer, que es un país, giran otros temas comunes del universo de Sonia, lo judío, lo femenino, la muerte.

Lo femenino en Sonia es un juego de sensualidad y rebeldía, “Mientras los años pasaban comencé a entender que una maquina de coser servia para cerrarnos la boca y una de escribir para abrírnosla”.

Y la esperanza, nada de eso, porque “los lugares se oxidan” y acaso solo podemos esperar tener una cama “Y un árbol que de manzanas sin veneno que parezcan mangos”.

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Fotógrafo, Artista, Investigador y Docente — http://www.joseramirezfoto.com

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